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De la muerte a la donación

Muchas personas pueden constituirse en donantes de órganos y tejidos siempre que expresen su voluntad para hacerlo. En general no hay límites de edad. Sólo se requiere la certificación rigurosa del fallecimiento acorde a las leyes vigentes.

En algunos casos se autoriza que personas vivas donen sus órganos.

Un requerimiento fundamental es haber fallecido de muerte encefálica. De todas maneras durante el desarrollo de los pasos operativos para efectivizar la donación se estudian los antecedentes médicos y enfermedades previas del fallecido, estudios de viabilidad de los órganos y tejidos probando su funcionamiento y de compatibilidad con los receptores.
Los órganos aptos para trasplante (riñón, hígado, corazón, pulmón, páncreas e intestino) siempre deben provenir de personas fallecidas en una unidad de terapia intensiva (UTI) a quienes luego de certificar la muerte encefálica se les realizan prácticas para el mantenimiento adecuado de los órganos hasta el trasplante. Si estos pasos de mantenimiento que sostienen la función cardíaca de manera artificial los órganos pierden viabilidad y sólo se puede ablacionar tejidos como córneas, piel, hueso o corazón para válvulas cardiacas y durante un lapso de horas.

Los criterios generales para la donación fueron elaborados por una comisión de profesionales del sistema de procuración (Manual de Selección y Mantenimiento), quienes determinan la exclusión de donantes portadores de enfermedades transmisibles, tales como enfermedades degenerativas neurológicas, autoinmunes y algunas infectocontagiosas (VIH/SIDA o meningoencefalitis herpética). En los cánceres no se pueden donar órganos pero sí corneas.